lunes, 2 de noviembre de 2009

La información desinformada


Un día cualquiera nos levantamos de la cama por la mañana, desayunamos con la radio o la televisión encendida y lo primero que nos encontramos son los informativos (sí sí, para empezar bien el día y así creer estar “informados”), donde nos muestran las noticias más relevantes del día (normalmente del anterior) y las que están pasando en ese mismo instante.

Es inevitable, a las personas nos gusta estar informados para poder fundamentar nuestro propio pensamiento y compartir opiniones más o menos críticas, es algo social.

La gente cree que está informada fielmente, muchas de las personas que habitan en este planeta se creen todo lo que se les pasa por delante de los ojos, pero debemos saber que no toda la información que nuestros sentidos reciben y perciben es cien por cien fiable, es como aquel dicho que dice “que ni todos los malos son tan malos ni todos los buenos son tan buenos”.

Es bastante probable que la información que recibimos a través de los medios de comunicación esté manipulada, y es que, en un porcentaje muy elevado lo está. Ya sea por la ideología política del emisor, la sensación que quiera causar en el receptor, expectación,…

El telediario es el programa de televisión (si se puede denominar así) Más visto por el público de cada cadena, cada día millones de personas visionamos esa recopilación de hechos acontecidos en un marco nacional en primera instancia y mundial en segunda, puesto que evidentemente nos interesan más las noticias por un tema de proximidad.

¿Creemos que todas las noticias son noticiables?; ¿Qué noticias interesan más a la gente? Solo hay que poner algún que otro Telenoticias concreto últimamente (léase A3) para darse cuenta de que todo lo que pasa en este mundo es una desgracia. ¿Es eso cierto o está seleccionado lo más morboso y caótico por una guerra de audiencia?

Es evidente que en cierto modo la televisión que consumimos está preseleccionada por nosotros mismo y que priman el tipo de contenido que el lector desea. De este modo prevalece una lectura dominante del discurso. Es el tipo de lectura realizada por quienes comulgan o están de a cuerdo con el punto de vista ideológico del emisor, cuyas intenciones comunicativas reconocen y asumen.

Pero detrás de cada información no existe una neutralidad, creo que es difícil no posicionarse (ya sea individualmente o grupalmente) y la interpretación por el receptor puede darse de muchas maneras. Un texto, y sobretodo el televisivo no tiene un sentido definido y realizado, sino que facilita una propuesta de interpretación.



Acabáramos… señores, no se crean todo lo que ven ni vean siempre todo lo que creen, hay que saber obtener un juicio de valores de todas las cosas y sobretodo tener versatilidad de opiniones sin dejarnos influir de sobremanera.



Un saludo.



Dani

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